Rescato otro de esos momentos para el recuerdo y esta vez con una de mis bandas favoritas. Ya han aparecido unas cuantas veces pero son de los pocos grupos que últimamente me provocan emocionantes y eufóricas sensaciones. Y es que sus canciones se transforman en directo en auténticos himnos a los que siempre me uno con la voz quebrada y el corazón a punto de explotar.
En Paredes de Coura se celebra desde hace 15 años uno de los mejores festivales de música de la península. Como todos, empezaron con un cartel fundamentalmente autóctono que fue ganando importancia con el paso del tiempo (la inclusión de bandas extranjeras de relevancia se produjo hace aproximadamente 10 años). Mi primera experiencia allí fue en el año 99, cuando el bajo precio de sus abonos (apenas 5000 pesetas) y la presencia de grupos como dEUS, Mogwai o Suede lo convirtieron en irresistible. La realidad se quedó a medias, con unas infraestructuras que dejaban un poco que desear. Acampada libre en medio del monte (en nuestro en caso, en una ladera) y muy escasos servicios. Portuguese way of life. Pero a favor contaban con un cartel magnífico y uno de los escenarios más curiosos e impresionante que he visto jamás. Éste está montado delante de unos enormes árboles, que pueden observarse durante la actuación (sin telón de fondo, claro) y que le confieren un toque muy especial, casi mágico.
Pero vamos al momento en sí. En Agosto del 2005 hicimos nuestra escapa anual a Paredes. En los últimos años han sido escapadas de un día, debido a fundamentalmente al trabajo, a las poca ganas de dormir en cuesta y a la enorme subida de precios en el abono. Ese año el reclamo era evidente, la vuelta de uno de los grupos más importantes de las últimas décadas: The Pixies. Y como segundo plato, los canadienses Arcade Fire. La crítica había encumbrado a estos canadienses a los altares después de la publicación de su primer disco, algo que me parecía desproporcionado después de escucharlo. Sin embargo, me picaba la curiosidad por verlos en directo. Y ahí sí que no defraudaron. El inicio fue sencillamente insuperable. El comienzo de Wake up, en el que todos gritan al unísono mientras tocan sus instrumentos puso al público la piel de gallina, con la sensación de que estábamos asistiendo a algo único. La épica del tema (y de los que siguieron), que iba aún más allá que en el disco, unida a la belleza del lugar y de aquel escenario hicieron que la euforia y energía de la gente creciera hasta convertir aquello en una especie de comunión musical. Una adhesión a aquella religión que nos había abierto los ojos y que, en mi caso, continúa a día de hoy.
En Paredes de Coura se celebra desde hace 15 años uno de los mejores festivales de música de la península. Como todos, empezaron con un cartel fundamentalmente autóctono que fue ganando importancia con el paso del tiempo (la inclusión de bandas extranjeras de relevancia se produjo hace aproximadamente 10 años). Mi primera experiencia allí fue en el año 99, cuando el bajo precio de sus abonos (apenas 5000 pesetas) y la presencia de grupos como dEUS, Mogwai o Suede lo convirtieron en irresistible. La realidad se quedó a medias, con unas infraestructuras que dejaban un poco que desear. Acampada libre en medio del monte (en nuestro en caso, en una ladera) y muy escasos servicios. Portuguese way of life. Pero a favor contaban con un cartel magnífico y uno de los escenarios más curiosos e impresionante que he visto jamás. Éste está montado delante de unos enormes árboles, que pueden observarse durante la actuación (sin telón de fondo, claro) y que le confieren un toque muy especial, casi mágico.
Pero vamos al momento en sí. En Agosto del 2005 hicimos nuestra escapa anual a Paredes. En los últimos años han sido escapadas de un día, debido a fundamentalmente al trabajo, a las poca ganas de dormir en cuesta y a la enorme subida de precios en el abono. Ese año el reclamo era evidente, la vuelta de uno de los grupos más importantes de las últimas décadas: The Pixies. Y como segundo plato, los canadienses Arcade Fire. La crítica había encumbrado a estos canadienses a los altares después de la publicación de su primer disco, algo que me parecía desproporcionado después de escucharlo. Sin embargo, me picaba la curiosidad por verlos en directo. Y ahí sí que no defraudaron. El inicio fue sencillamente insuperable. El comienzo de Wake up, en el que todos gritan al unísono mientras tocan sus instrumentos puso al público la piel de gallina, con la sensación de que estábamos asistiendo a algo único. La épica del tema (y de los que siguieron), que iba aún más allá que en el disco, unida a la belleza del lugar y de aquel escenario hicieron que la euforia y energía de la gente creciera hasta convertir aquello en una especie de comunión musical. Una adhesión a aquella religión que nos había abierto los ojos y que, en mi caso, continúa a día de hoy.
Arcade fire - Wake up
2 comentarios:
Pues siento no compartir el sentimiento. Supongo que en directo se vivirá mucho más, pero lo que es vista tranquilamente desde la silla, la canción me deja un poquito frío.
Seguimos con nuestros gustos irreconciliables, jeje.
¡Huyyy,! Hoy mismo hemos estado e Paredes de Coura, Angela y yo.
Algún dia os pasaré las fotos de un Castro de la edad del hierro El Cossourado, tambien estuvimos en unos Megalitos y un puente romano con un trozo de calzada.
Un poco mas de culturilla castrexa.
Abrazos.
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