
Con la llegada del otoño se recupera la actividad de conciertos en sala. Los festivales (Summercase) y mega conciertos al aire libre (Björk) tienen su atractivo, pero no es comparable al ambiente que se vive en los recintos pequeños.
Esta vez se trataba de celebrar el aniversario de una web musical (El Lorito) con un concierto que reunía 2 propuestas tan interesantes como dispares: Manta Ray y Micah P. Hinson. Manta Ray llevan 15 años de carrera, 5 discos y multitud de proyectos paralelos (versiones, colaboraciones…) ofreciendo su particular versión del rock. Aquella que en sus inicios mostraba su interés por las guitarras afiladas y el uso de instrumentos poco convencionales (gracias a ellos descubrí el Theremin en la maravillosa Sol) y que ha evolucionado en un potente sonido basado principalmente en su componente rítmica. Y por encima de todo, dos señas de identidad que todavía perduran, el poco uso de la voces (sus letras suelen ser bastante escuetas y crípticas) y su dominio del directo. Y eso es básicamente lo que ofrecieron en su concierto del sábado. A pesar de comenzar con una canción de su primer disco, el núcleo lo constituyeron los dos últimos, los más enérgicos y agresivos de su carrera. El uso en determinados momentos de dos bajos unido a la contundencia de Xabel Vegas a la batería hacía que el suelo de la sala retumbase de forma constante. Pero su gran acierto no es sonar potentes, sino tan bien conjuntados como si fuesen uno. Solo la acústica de la sala con bastante eco (¿sonido hueco?) y algún tema un poco flojo hizo que este no fuese el mejor concierto que les he visto (ese honor le corresponde a su concierto en Benicássim del 98, el primero de los 6. Fueron 45 minutos perfectos).
Esta vez se trataba de celebrar el aniversario de una web musical (El Lorito) con un concierto que reunía 2 propuestas tan interesantes como dispares: Manta Ray y Micah P. Hinson. Manta Ray llevan 15 años de carrera, 5 discos y multitud de proyectos paralelos (versiones, colaboraciones…) ofreciendo su particular versión del rock. Aquella que en sus inicios mostraba su interés por las guitarras afiladas y el uso de instrumentos poco convencionales (gracias a ellos descubrí el Theremin en la maravillosa Sol) y que ha evolucionado en un potente sonido basado principalmente en su componente rítmica. Y por encima de todo, dos señas de identidad que todavía perduran, el poco uso de la voces (sus letras suelen ser bastante escuetas y crípticas) y su dominio del directo. Y eso es básicamente lo que ofrecieron en su concierto del sábado. A pesar de comenzar con una canción de su primer disco, el núcleo lo constituyeron los dos últimos, los más enérgicos y agresivos de su carrera. El uso en determinados momentos de dos bajos unido a la contundencia de Xabel Vegas a la batería hacía que el suelo de la sala retumbase de forma constante. Pero su gran acierto no es sonar potentes, sino tan bien conjuntados como si fuesen uno. Solo la acústica de la sala con bastante eco (¿sonido hueco?) y algún tema un poco flojo hizo que este no fuese el mejor concierto que les he visto (ese honor le corresponde a su concierto en Benicássim del 98, el primero de los 6. Fueron 45 minutos perfectos).
Manta Ray- My hell (1997)
Y 20 minutos más tarde, Michael Paul Hinson hacía acto de presencia. Después de un primer concierto en casa hace año y medio, el segundo se me estaba resistiendo. A principios de año dio un concierto en la Sala Moby Dick que agotó sus entradas al menos una semana antes de que se celebrase. La segunda oportunidad fue en el mes de Mayo, en aquel cartel que compartía con Rufus Wainright. Sus problemas crónicos de espalda hicieron que cancelase dicha actuación. Así que, después de tanto contratiempo, ya había ganas de verlo. Y aunque no defraudó, el concierto se quedó a medias. Los peros: la sola presencia de un batería como acompañante (se excusó diciendo que era pobre), sus miradas al reloj cada diez minutos (al final del concierto descubrimos que no era culpa suya, sino que la sala había marcado una hora de finalización del concierto) y los monólogos entre canción y canción que lastraban la fluidez del concierto. A su favor, el músico de Texas cuenta con la belleza de sus composiciones, su fantástica voz (de la que abusa en determinados momentos para dotar a sus temas de un dramatismo mayor y, en mi opinión, innecesario) y su carisma (hubo momentos francamente graciosos, como verlo aparecer con una guitarra acústica en la que llevaba una foto de “su familia”: él, su novia y sus perros). Y algo que también recalqué en el comentario acerca de Rufus Wainright. Micah iba soltándose y disfrutando cada vez más a medida que se desarrollaba el concierto. Algo que dejó patente en el momento de despedirse puesto que decidió saltarse el guión y realizar un bis de un tema.
Micah P. Hinson - Beneath the rose
4 comentarios:
Pues Manta Ray no me dice nada, canción eterna y repetitiva que me cansa bastante.
Sin embargo la canción de Michael P. me mola, sobre todo la guitarra acústica que se escucha al principio y el piano que suena después que unidos a una voz muy grave le dan un tono melancólico muy chulo.
Bonita melancolía, tanto en la música como en las imágenes.
Me ha gustado.
Un abrazo.
De acuerdo con los dos. El tono melancólico es uno de los puntos fuertes de Micah. Y consigue mantenerlo en muchos de sus temas sin por ello sonar repetitivo (en disco, en directo,con tan poco acompañamiento es más complicado)
Dejo el enlace a una curiosidad que me he encontrado por ahí. Es Digging a grave, de su segundo disco
Digging a grave
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