De vez en cuando ocurren hechos extraños que escapan a nuestro entendimiento. Pequeños incidentes que, si bien no tienen una gran influencia en nuestra vida, si hacen que te replantees en que clase de mundo/país/sociedad vivimos. Curiosamente, la mayor parte de los mismos son temas burocráticos relacionados con la administración pública. Y no digo con esto que toda la culpa recaiga sobre el colectivo de funcionarios (aunque evidentemente alguna si): creo que se reparte equitativamente y que, cuando tenemos algún asunto de este tipo pendiente, vamos predispuestos a la bronca.
Llevaba más de un mes con el DNI caducado y, aprovechando mi visita a casa y que el nuevo documento lo entregan en el día, decidí renovarlo pensando que sería más fácil hacerlo en una ciudad pequeña que en la gran capital. Creo que me equivoqué. El sistema de renovación es el siguiente: te acercas a una comisaría de Policía, te dan un número (de la misma forma que haces en la sección de pescadería o charcutería en el supermercado) y, cuando es tu turno, te expiden el DNI. Decidí que haría la gestión el martes pero, mosqueado antes ciertos rumores que aseguraban que la gente hacía cola desde muy temprano (¡Mira que nos gusta hacer colas en este país!), me acerqué el lunes a informarme. Entré y un amable agente en la recepción confirmó mis temores. Los números se reparten desde las 8:30 pero la gente comienza a hacer cola aproximadamente desde las… 6!!! Mi sentimiento de perplejidad debió trasmitirse a mi cara, puesto que el agente me miró y solo pudo encogerse de hombros y decir “es que es un mes muy malo porque la gente esta de vacaciones” (principio básico: la ley de Murphy está para cumplirse). Y yo me pregunto: ¿La gente no tiene nada mejor que hacer que aprovechar sus vacaciones para renovar su DNI? Si, lo sé. Yo también lo estoy haciendo. Pero yo no voy a las 6 a coger número!
Martes 13 de Agosto, 6:20. Suena mi despertador. No me lo acabo de creer. ¡Incluso cuando voy a trabajar duermo más! Miro por la ventana. Noche cerrada, la ciudad duerme. Me sorprendo de que las calles ya estén puestas (pido perdón a todos los que entran a trabajar a esas horas. ¿Qué sería de una historia sin un poco de dramatismo barato?) Me levanto, me visto, desayuno algo y cuando salgo de casa descubro que, como decimos por aquí, chove miudiño. Me alegría va en aumento. Cojo el coche y me dirijo a la comisaría. Llegó allí a las 7:05 y me encuentro una cola de aproximadamente 50 personas. Mis ojos siguen sin dar crédito. ¡Falta hora y media para que comiencen a dar los números! (aunque he de reconocer que llego en un gran momento porque unos 15 o 20 minutos después las cola es casi el doble de grande). Me coloco en la fila y abro el libro que llevaba por la página 1. Sigue chovendo. Al tener los auriculares puestos no escucho ninguna de esas estimulantes conversaciones de cola que se producen día sí y día también. Como ya he dicho cosas de estas pasan constantemente así que ya relataré alguna el día que me de por estar atento. Lo que me llama la atención es la gente que acerca, ya sea andado o en coche, con cara de pasmo preguntando: “¿Es esta la cola para el DNI?”. Cuando se les responde que si, todos dicen lo mismo: “Y yo que pensaba que llegaba pronto…”
A las 8:30 la cola empieza a agitarse. El ansiado momento está a punto de llegar y la excitación flota en el ambiente. La cola comienza avanzar. Entro en la comisaría y subo las escaleras. Los números los da una maquina protegida por el que debe ser “el guardián de la máquina”, un policía de estos que en vez de solucionar problema, genera más polémica (no es exclusivo de la policía, en todo trabajo hay siempre alguien así). Un ejemplo clarificador es su dialogo con la persona que esta justo delante de mí:
- ¿DNI o pasaporte?
- DNI, pero necesitaba dos números.
- ¿Para qué?
- Para mi y para mi mujer
- Pero va a venir, ¿no?
Ese último comentario es de los que llega al alma. Lo entiendo en parte porque todo el mundo conoce lo gilipollas que somos en este país (podría hablar de picaresca pero ¿Para que utilizar eufemismos?) y alguien podría coger 10 o 20 números y luego repartirlos entre amigos o incluso revenderlos. Por eso es necesario “el guardián de la máquina”. Pero, si realmente se quiere evitar eso, ¿No sería más sencillo poner a alguien tomando nota del DNI de la persona? Y ya puestos (y quizás esta sea la pregunta clave), ¿No se podría dar el turno por teléfono o Internet el día antes? Supongo que el único motivo para no hacerlo es que, de esta manera, la gente cogería número y después no iría, mientras que si tienes que madrugar y hacer una cola eterna te lo tomas más en serio. Al final todo se solucionaría en el término medio, que la administración pensase más en la gente y nosotros fuésemos un poquito más serios.
Recibo el número 29 y “el guardián de la máquina” me dice que sobre las 9:30 (“aproximadamente, ¿eh? Que esto no es exacto”) me atenderán. Decido cambiar el coche de sitio porque no me apetece nada pagar por aparcar y cinco minutos más de caminata no matan a nadie y vuelvo a la comisaría. Cuando llego están en el número 20. Lo de los números es un avance. Si hablase del sistema arcaico de la sanidad pública gallega creo que podría llenar 7 páginas con anécdotas. Me siento y sigo leyendo mientras espero que llegue mi turno.
El momento “me cuelo” tampoco podía falta. Cuando llaman al número 27, aparece un chico que estaba detrás de mí en la cola. ¿Cómo? Misterios de la naturaleza.
Cuando por fin llega mi momento, me siento y descubro que me ha debido tocar la persona más amable de todas las que están allí. Ni un “hola” o “buenos días”. Se limita simplemente a utilizar las palabras necesarias para comunicarse conmigo, ni una más (y es literal). Eso sí, solo conmigo, porque con su compañera de al lado mantiene una amena charla acerca de sus hijos, sus estudios y sus clase de recuperación. Cuando tengo que apoyar mi dedo sobre un escáner me repite tres veces que ponga el índice derecho. ¡Señora, ya sé que tiene que ser el derecho!. Ahora debo pensar si se refiere al derecho o al “otro derecho” (no se porque los confundo tanto, pero en este caso juro que lo tenía claro). Cuando está a punto de terminar me dice “6 euros con 70”. Y aquí abro un inciso: ¿Por qué narices debes pagar el precio de una entrada de cine por renovar un documento que el estado te obliga a poseer? De verdad que intento encontrar una explicación coherente pero no lo consigo. Si aún fuese por perdida podría tener algún sentido pero ¿Una renovación? Lo siento, no lo entiendo. Le entrego a la señora 20 euros y sin que en su tono se advierta ningún atisbo de pregunta me dice” dos euros”. Cuando tenía 12 años, le gente que te daba el palo lo hacía de formas más cordial. Le entrego el dinero y mientras espero por mi DNI, escucho en los mostradores que hay a los lados como ambos funcionarios ofrecen a las personas que son atendidas si desean el DNI digital. Supongo que servirá para hacer algún tipo de gestión a través de Internet, pero decido esperar a que me lo ofrezca para preguntar cual es su utilidad. Y me quedé con las ganas. Porque la señora me entrego mi DNI, me dijo “ya está” y me invitó a largarme. Sé que debería haber preguntado pero tenía tantas ganas de irme (y solo eran las 10!!) que decidí dejarlo para otro día. Y mientras en la calle, seguía a chover…
Supongo que soy poco original recuperando este video pero es tan acertado y al mismo tiempo revelador que no me puedo resistir.
Llevaba más de un mes con el DNI caducado y, aprovechando mi visita a casa y que el nuevo documento lo entregan en el día, decidí renovarlo pensando que sería más fácil hacerlo en una ciudad pequeña que en la gran capital. Creo que me equivoqué. El sistema de renovación es el siguiente: te acercas a una comisaría de Policía, te dan un número (de la misma forma que haces en la sección de pescadería o charcutería en el supermercado) y, cuando es tu turno, te expiden el DNI. Decidí que haría la gestión el martes pero, mosqueado antes ciertos rumores que aseguraban que la gente hacía cola desde muy temprano (¡Mira que nos gusta hacer colas en este país!), me acerqué el lunes a informarme. Entré y un amable agente en la recepción confirmó mis temores. Los números se reparten desde las 8:30 pero la gente comienza a hacer cola aproximadamente desde las… 6!!! Mi sentimiento de perplejidad debió trasmitirse a mi cara, puesto que el agente me miró y solo pudo encogerse de hombros y decir “es que es un mes muy malo porque la gente esta de vacaciones” (principio básico: la ley de Murphy está para cumplirse). Y yo me pregunto: ¿La gente no tiene nada mejor que hacer que aprovechar sus vacaciones para renovar su DNI? Si, lo sé. Yo también lo estoy haciendo. Pero yo no voy a las 6 a coger número!
Martes 13 de Agosto, 6:20. Suena mi despertador. No me lo acabo de creer. ¡Incluso cuando voy a trabajar duermo más! Miro por la ventana. Noche cerrada, la ciudad duerme. Me sorprendo de que las calles ya estén puestas (pido perdón a todos los que entran a trabajar a esas horas. ¿Qué sería de una historia sin un poco de dramatismo barato?) Me levanto, me visto, desayuno algo y cuando salgo de casa descubro que, como decimos por aquí, chove miudiño. Me alegría va en aumento. Cojo el coche y me dirijo a la comisaría. Llegó allí a las 7:05 y me encuentro una cola de aproximadamente 50 personas. Mis ojos siguen sin dar crédito. ¡Falta hora y media para que comiencen a dar los números! (aunque he de reconocer que llego en un gran momento porque unos 15 o 20 minutos después las cola es casi el doble de grande). Me coloco en la fila y abro el libro que llevaba por la página 1. Sigue chovendo. Al tener los auriculares puestos no escucho ninguna de esas estimulantes conversaciones de cola que se producen día sí y día también. Como ya he dicho cosas de estas pasan constantemente así que ya relataré alguna el día que me de por estar atento. Lo que me llama la atención es la gente que acerca, ya sea andado o en coche, con cara de pasmo preguntando: “¿Es esta la cola para el DNI?”. Cuando se les responde que si, todos dicen lo mismo: “Y yo que pensaba que llegaba pronto…”
A las 8:30 la cola empieza a agitarse. El ansiado momento está a punto de llegar y la excitación flota en el ambiente. La cola comienza avanzar. Entro en la comisaría y subo las escaleras. Los números los da una maquina protegida por el que debe ser “el guardián de la máquina”, un policía de estos que en vez de solucionar problema, genera más polémica (no es exclusivo de la policía, en todo trabajo hay siempre alguien así). Un ejemplo clarificador es su dialogo con la persona que esta justo delante de mí:
- ¿DNI o pasaporte?
- DNI, pero necesitaba dos números.
- ¿Para qué?
- Para mi y para mi mujer
- Pero va a venir, ¿no?
Ese último comentario es de los que llega al alma. Lo entiendo en parte porque todo el mundo conoce lo gilipollas que somos en este país (podría hablar de picaresca pero ¿Para que utilizar eufemismos?) y alguien podría coger 10 o 20 números y luego repartirlos entre amigos o incluso revenderlos. Por eso es necesario “el guardián de la máquina”. Pero, si realmente se quiere evitar eso, ¿No sería más sencillo poner a alguien tomando nota del DNI de la persona? Y ya puestos (y quizás esta sea la pregunta clave), ¿No se podría dar el turno por teléfono o Internet el día antes? Supongo que el único motivo para no hacerlo es que, de esta manera, la gente cogería número y después no iría, mientras que si tienes que madrugar y hacer una cola eterna te lo tomas más en serio. Al final todo se solucionaría en el término medio, que la administración pensase más en la gente y nosotros fuésemos un poquito más serios.
Recibo el número 29 y “el guardián de la máquina” me dice que sobre las 9:30 (“aproximadamente, ¿eh? Que esto no es exacto”) me atenderán. Decido cambiar el coche de sitio porque no me apetece nada pagar por aparcar y cinco minutos más de caminata no matan a nadie y vuelvo a la comisaría. Cuando llego están en el número 20. Lo de los números es un avance. Si hablase del sistema arcaico de la sanidad pública gallega creo que podría llenar 7 páginas con anécdotas. Me siento y sigo leyendo mientras espero que llegue mi turno.
El momento “me cuelo” tampoco podía falta. Cuando llaman al número 27, aparece un chico que estaba detrás de mí en la cola. ¿Cómo? Misterios de la naturaleza.
Cuando por fin llega mi momento, me siento y descubro que me ha debido tocar la persona más amable de todas las que están allí. Ni un “hola” o “buenos días”. Se limita simplemente a utilizar las palabras necesarias para comunicarse conmigo, ni una más (y es literal). Eso sí, solo conmigo, porque con su compañera de al lado mantiene una amena charla acerca de sus hijos, sus estudios y sus clase de recuperación. Cuando tengo que apoyar mi dedo sobre un escáner me repite tres veces que ponga el índice derecho. ¡Señora, ya sé que tiene que ser el derecho!. Ahora debo pensar si se refiere al derecho o al “otro derecho” (no se porque los confundo tanto, pero en este caso juro que lo tenía claro). Cuando está a punto de terminar me dice “6 euros con 70”. Y aquí abro un inciso: ¿Por qué narices debes pagar el precio de una entrada de cine por renovar un documento que el estado te obliga a poseer? De verdad que intento encontrar una explicación coherente pero no lo consigo. Si aún fuese por perdida podría tener algún sentido pero ¿Una renovación? Lo siento, no lo entiendo. Le entrego a la señora 20 euros y sin que en su tono se advierta ningún atisbo de pregunta me dice” dos euros”. Cuando tenía 12 años, le gente que te daba el palo lo hacía de formas más cordial. Le entrego el dinero y mientras espero por mi DNI, escucho en los mostradores que hay a los lados como ambos funcionarios ofrecen a las personas que son atendidas si desean el DNI digital. Supongo que servirá para hacer algún tipo de gestión a través de Internet, pero decido esperar a que me lo ofrezca para preguntar cual es su utilidad. Y me quedé con las ganas. Porque la señora me entrego mi DNI, me dijo “ya está” y me invitó a largarme. Sé que debería haber preguntado pero tenía tantas ganas de irme (y solo eran las 10!!) que decidí dejarlo para otro día. Y mientras en la calle, seguía a chover…
Supongo que soy poco original recuperando este video pero es tan acertado y al mismo tiempo revelador que no me puedo resistir.
PD: Se que este post pinta poco con la temática de mi blog y que además se me ha ido la pinza mucho. Por eso lo hago, para desengrasar un poco y retomar el tema cultural con más ganas. Y debía decidir entre esto o contar la anécdota de cuando fuimos a cenar al Ginos, pedí una cucharilla para el postre y me trajeron un tenedor (creo que el camarero era ruso, ucraniano… creo que es una bonita metáfora de la globalización). La anécdota es muy buena, pero no daba para mucho más.
PD (II): Heitor, espero que tengas más suerte el día que vayas tú. Y si no es así te animo a que compartas tu experiencia con el mundo. Estas cosas unen mucho.
5 comentarios:
No has podido elegir mejor video para representar esos absurdos papeleos burocráticos. Pero eso si, lo del "guardián de la máquina" me ha parecido genial y hasta me ha recordado a un año en la Universidad cuando tuvimos que recoger número para poder usar el aula de informática y hacer nuestra prematrícula, todo ello con el fin de evitar que la gente se colara y ¿cuál fue el resultado? la gente pedía números para sus amigos,con lo que había personas que se colaban!!!
Pero viendo el lado positivo.. si no ocurrieran este tipo de cosas, que rollo sería ir a renovarse el DNI y tenerlo en el momento sin tener que hacer colas, papeleos o turnos absurdos, no crees??
Pues yo doy gracias al señor, jeje, aún no he tenido ningún "incidente" de este tipo,creo que en parte debido a mi buena suerte y a que aplico la norma de no madrugar, cuando he ido a hacerme el dni, era la 1 de la tarde y no había cola, y con el inem me pasó igual, sin embargo mi madre fue a las 8 y se tragó 1 hora de cola... cosas de la vida. Lo que si me he encontrado, creo que de eso no se libra nadie, es con funcionarios que aprendieron tan solo tres palabras entre las que no estaba ni "hola" ni "gracias"...qué le vamos a hacer..
Suerte a todos los que tengais que hacer gestiones y sobre todo paciencia
Por cierto, muy bueno el vídeo (no lo había visto nunca)
Celia: Creo que con lo del guardián de la máquina me he pasado un poquillo. Pero en serio, al tio se le veía muy metido en su papel. Y tu anecdota refleja claramente lo que yo quería explicar antes, somos un país muy incívico.
Pues viendo el lado positivo... tienes razón. Siempre hay alguna anecdota que hace que compense la espera (si ésta es tan light como en este caso...)
Irene: Pues si no nunca has tenido problemas de colas, avisanos cuando te toque ir a hacer una gestión!!! Y en cuanto a lo de los funcionarios repito, no todos son así, pero te encuentras a cada elemento
Si no has visto "Las 12 pruebas de Asterix", deberías verla (o leer el comic) ya!!!
Venga, por fin retomamos los comentarios.
Pues mi aventura fue mucho más divertida. Fuimos tres, con lo que la espera se hizo agradable, en el lapso de tiempo entre la entrega del número y la culminación del acto nos fuimos a desayunar con otros dos, volvimos y me tocó una señorita muy simpática con la que estuvimos hablando un rato y al final, como nos sobraba tiempo, nos fuimos a donar.
Gran mañana... creo que me lo volveré a renovar el mes que viene.
Heitor, me alegro de que tu experiencia fuese mucho más gratificante. Quizás sea un problema de comisaria. La próxima vez iré a la de López Mora. Y, con un poco de "suerte" quizás pueda comparar entre ciudades porque puede ser que tenga que volver a hacerlo aquí en unas semanas...
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